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Repasemos cuáles fueron los dos pasos anteriores. El primero fue definir qué es lo que querés cambiar, qué es lo que ya no te hace feliz o que nunca lo hizo. Y, a partir de ese punto, convertiste el enunciado negativo en una afirmación positiva sobre lo que sí deseás. Ese deseo expresado en forma positiva es tu foco de atención. En el segundo paso, transformaste el foco de atención en un propósito. Es decir, asumiste la firme determinación de hacer realidad tu deseo. El propósito es el objetivo y tenés que ser capaz de verlo tan claramente como si fuera algo material, y para eso creaste una imagen, una foto, que representa tu logro. Para complementar ese segundo paso del Método epep, debías enunciar nueve frases positivas asociadas a esa imagen, pensamientos dominantes que describieran la situación de la foto y expresaran los sentimientos que te produce. La clave fue redactarlas en tiempo presente, como si ya hubieras alcanzado tu logro y disfrutaras del éxito, que es aquello que te da felicidad sin necesidad de dañar ni perjudicar a nadie para obtenerlo.

Cumplidos esos dos pasos que están en los textos 'Paso 1: Transformá tu deseo en un foco de atención' y 'Paso 2: Visualizá tu propósito', lo que sigue es encarar la Programación activa.

De la misma forma en que inscribimos un código en el disco duro de una computadora para que realice las tareas que le ordenamos a través de los comandos, podemos programar nuestro inconsciente cerebral mediante ejercicios especialmente diseñados para lograr las metas que anhelamos. Esos tres ejercicios son: Observación epep, Programación epep e Imaginación Creativa epep.

¿Por qué decimos que forman parte de una programación activa? Porque para programar el inconsciente cerebral hay que seguir una serie de ejercicios de manera voluntaria y sistemática.

Nuestro inconsciente cerebral ya está programado a través de las experiencias, las creencias y lo que los demás dicen de nosotros. Cuando las metas desafían esa programación, es necesario modificar una parte de la información grabada en el inconsciente cerebral y 'reescribirla' para que nos acompañe en el propósito que nos trazamos.

Tal vez te preguntes por qué es necesario reprogramar el inconsciente en lugar de, simplemente, encarar un plan de trabajo. Y la realidad es que no podés convertirte en alguien que tu inconsciente dice que no sos ni serás nunca.

Si tus programas mentales contienen mandatos contrarios a tus propósitos, tus chances de tener éxito van a ser muy bajas y, además, el proceso te demandará un esfuerzo mucho mayor, porque no vas a contar con las herramientas válidas para desarticular esos mandatos negativos que surgirán en tu mente en forma de pensamientos automáticos, como 'No voy a poder', 'No me lo merezco', 'Las cosas buenas solo les pasan a los demás', 'Soy un fraude' o 'Nadie cree en mí'. 

Tu inconsciente cerebral es el encargado de identificar los recursos –tanto humanos como físicos–, necesarios para alcanzar tu meta, así que debés programarlo para que detecte esos recursos y se los muestre a tu conciencia.

Esto último es clave: el consciente 've' la realidad según lo que está programado en tu inconsciente. Conocés la realidad a través de tus sentidos, pero del 100% de los datos que llegan a tu cerebro a través de los sentidos, el inconsciente descarta el 96%. ¿Más claro? El inconsciente te permite ser consciente solo del 4% de toda la información que te rodea. Con ese 4%, tomás decisiones, analizás las posibilidades y planeás acciones. Si recibís un 2% de datos nuevos, tu realidad puede cambiar un 50%, y si recibís un 4% de datos nuevos, tu realidad cambiará por completo. Tu realidad cambia porque aparecen en tu vida nuevas personas, situaciones y oportunidades.

Podés cambiar todas tus experiencias y generar otras nuevas al modificar la forma de pensar y sentir. Para esto, es necesaria la repetición prolongada de pensamientos y emociones basados en un objetivo, en un foco de atención. La repetición es clave para que reemplaces el material negativo que el inconsciente tiene almacenado en sus programas por información positiva.

Los pensamientos, las imágenes, los recuerdos y el conocimiento viajan por una inmensa red de 100.000 millones de neuronas. Cada neurona puede conectarse con otras 10.000 gracias a la sinapsis, que es la relación que le permite a nuestro sistema nervioso intercambiar información y generar nuevas redes. Un programa cerebral está compuesto, justamente, por todo eso. Al darle al cerebro nueva información, se generan nuevas redes neuronales que la transmiten. Y todo eso es posible gracias a la función de regenerarse que tiene nuestro cerebro y que se llama 'neuroplasticidad' (ver 'Neuroplasticidad: así aprende tu cerebro').

Realizá los ejercicios de la Programación activa que te explicamos en los artículos 'La clave para reprogramar tu mente', 'Observá lo que indica tu cuerpo' y 'Ejercitá tu imaginación creativa' para cumplir este tercer paso clave en tu camino al éxito.