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Es importante que antes de leer este texto hayas leído 'Transformá tu deseo en un foco de atención'. Si ya lo hiciste, vas a estar listo para este segundo paso.

 

Tal vez te preguntes qué diferencia hay entre un deseo y un propósito.  Comprender esa distinción es clave: un propósito es más que un deseo porque es el deseo convertido en un objetivo. Ponemos mucha más energía en un propósito porque sabemos que no es imposible alcanzarlo si contamos con los recursos necesarios y hacemos foco en la tarea.

 

Cuando un deseo se convierte en un propósito tenemos muchas más posibilidades de volverlo una realidad.

 

El primer paso que tenés que dar es transformar tu deseo en un foco de atención. Partís de una lista de lo que ya no querés en tu vida, elegís una de esas cosas que rechazás -la que consideres prioritaria- y la cambiás por un enunciado positivo, que será tu foco de atención. Supongamos que tu deseo es 'No quiero ser un asistente contable'. El enunciado positivo, el foco de atención, podría ser: 'Quiero ser un profesional contable con un cargo jerárquico'. Esa afirmación implicará un cambio de  identidad, porque involucra una evolución en el rol asociado a ese deseo. En el caso del ejemplo, el rol es el profesional.

 

Para alcanzar el éxito vas a tener que dar otros pasos, y el segundo – como dijimos– es convertir el foco de atención en un propósito. Es decir, poner la energía en el objetivo. Y la técnica para que lo hagas consiste en que visualices lo que deseás.

 

Asociá tu foco de atención con una imagen. Esta acción es fundamental porque lo que anhelás debe ser tan real en tu imaginación como para que puedas verlo. Tener una visión es imaginar algo como si fuera real. ¿Cuál es la visión del ejemplo? Que sos un profesional contable con un cargo jerárquico. En tu imaginación esa visión debe ser tan real como si ya tuvieras ese cargo.

 

Para la mayoría de las personas, el concepto de realidad está asociado a lo material. La forma de ayudar a la imaginación a visualizar el logro que perseguimos es dándole un soporte material. Por eso te pediremos que transformes tu foco de atención en algo concreto, real y presente, en algo que puedas ver y tocar, como una foto que represente ese deseo que manifestaste de manera positiva.

 

Cada uno elige cómo hacerlo: con una imagen de internet, con un retrato personal editado o con una foto cortada de una revista. Lo importante es que cuando hayas encontrado la imagen que simboliza tu foco de atención, la tengas siempre con vos. Puede ser en tu celular, en la laptop o dentro de una agenda. Una vez que realices esa tarea, pensá y redactá nueve frases que expliquen la foto. Cada una de ellas debe ser positiva y estar en tiempo presente. Esas frases positivas serán tus 'Pensamientos dominantes'. Si las escribiste en la computadora, imprimilas. Si las anotaste a mano, que sea con letra clara.

 

Volviendo al ejemplo, la aspiración es convertirte en un profesional contable con un cargo jerárquico. Pasado al tiempo presente, ese foco de atención es: 'Yo soy un profesional contable con un cargo jerárquico'. La enunciación en tiempo presente es una herramienta indispensable para transformar la identidad, para que el inconsciente cerebral asuma el cambio como algo real y que, en lugar de impedirlo o complicarlo, colabore con él. No hay una única manera de describir la visión a través de los pensamientos dominantes. Pueden ser sentimientos, logros o relaciones asociadas al foco de atención. Elegí palabras que transmitan el placer de estar en la situación a la que aspirás. En el texto 'El poder de los pensamientos dominantes' vas a encontrar ejemplos para crear los tuyos.

 

Con la imagen que elegiste y el papel con tus nueve pensamientos dominantes positivos, es momento de dar otro paso adelante y convertir tu foco de atención en un propósito.

 

Elegí un lugar tranquilo en el que nadie te interrumpa y programá una alarma para que suene en cinco minutos. El ejercicio demanda poco tiempo, por eso no debería ser difícil que te concentres y sigas las indicaciones.

 

Mirá la imagen con atención e imaginá que lo que ella representa es real. Vos sos la persona de la foto y esa situación, la que deseás, es lo que ya tenés en tu vida. ¿Cómo te hace sentir? Captá esas sensaciones y sé consciente de ellas. Puede ser que te sientas agradecido, empoderado, satisfecho, contento, orgulloso, querido. Que la visión no sea algo real más allá de tu imaginación no significa que tus sensaciones no sean reales. Lo son. Todos tenemos la capacidad de provocar las emociones que sentimos. Las emociones que experimentás durante los cinco minutos que dura el ejercicio son reales. Reafirmá esos sentimientos al leer la lista de tus nueve pensamientos dominantes. Además, estos pensamientos dominantes te ayudarán en momentos de dificultades a recordarte que estás trabajando por tu meta.

 

Una vez que suene la alarma de los cinco minutos, guardá la imagen y el papel con tus palabras, pero tenelos disponibles, porque vas a hacer este ejercicio tres veces por día. Son solo 15 de los 1440 minutos que tiene el día. Es poco tiempo, ¿verdad? Sin embargo, el resultado es poderoso.

 

Para entender por qué funciona este ejercicio, te recomendamos leer más sobre dos actividades importantes del funcionamiento cerebral, la neuroplasticidad y la imaginación, en los artículos 'Neuroplasticidad: el superpoder de tu cerebro' y 'Con los ojos.